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Pillay, Nobel de la Paz: Es "imperdonable" el nivel de "crueldad y violencia" en Palestina

La Haya, 15 oct (EFE).- La jueza Navi Pillay, Nobel de la Paz que conoció el apartheid, juzgó el genocidio de Ruanda y presidió la investigación de la ONU en Gaza, acusa de "hipocresía" a las democracias que defienden el derecho internacional solo cuando les conviene y consideró, en una entrevista con EFE, "imperdonable" el nivel de "crueldad y violencia" de Israel en Palestina.

A sus 85 años, Pillay es jueza y testigo: vivió bajo el apartheid en Sudáfrica y vio caer un sistema que la discriminó por su raza, su sexo y su clase social; presidió el tribunal internacional que juzgó el genocidio en Ruanda; formó parte de la primera generación de jueces de la Corte Penal Internacional (CPI); fue Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos y hoy ejerce como jueza ad hoc de la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

"El cambio se produce principalmente gracias a la cooperación entre la sociedad civil, entre todos nosotros, en lugar de estar peleándonos unos con otros", sentencia en una entrevista en la sede de la CIJ, en el Palacio de la Paz en La Haya.

El "genocidio" en Gaza

Pillay también presidió la comisión de investigación de Naciones Unidas sobre Israel y los territorios palestinos ocupados, que concluyó que Israel había cometido genocidio en Gaza.

"Es un crimen muy difícil de probar. El requisito de la intencionalidad es extremadamente importante. Por eso no utilizo el término genocidio a la ligera", afirma.

Esas conclusiones provocaron críticas contra Pillay y sus colegas, pero ella no se retracta: su comisión trabajó "prácticamente como un tribunal" y no incluyó "ni un solo hecho que no hubiera sido verificado".

"Teníamos pruebas prácticamente en directo porque el genocidio estaba ocurriendo ante nuestros ojos", asegura, subrayando que incluso hay oficiales "explícitos sobre sus políticas".

Aunque estas conclusiones aún deben ser confirmadas por un tribunal, Pillay rechaza acusaciones de parcialidad y se declara "completamente segura del trabajo realizado".

Añade que "gran parte de las pruebas procedían de Israel", pesé a que "ocho ONG fueron silenciadas y se les ordenó que no colaboren" con la comisión ni con la CPI.

"Han intentado desacreditarnos. Nos llaman toda clase de cosas. Yo preferiría que me mostraran dónde nos equivocamos, qué prueba no es cierta. Y por supuesto, preferiría que nos dejaran entrar a investigar, muéstrennos lo que está ocurriendo", dijo.

Lo que ella recuerda con mayor dureza no son esas críticas, sino las imágenes y testimonios examinados.

"Es simplemente imperdonable. Imagínese niños sometidos a amputaciones sin anestesia", detalló, advirtiendo de que Israel y Estados Unidos "no deberían aceptar este nivel de crueldad y violencia y no deberían defenderse atacando a quienes informan sobre ello, a los mensajeros".

Tribunales internacionales

El pasado viernes, el Comité Nobel noruego le concedió el Premio Nobel de la Paz "por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional", y horas después, la Administración de Donald Trump sancionó a la CPI como institución, por, entre otras cosas, emitir una orden de arresto contra el primer ministro Benjamín Netanyahu.

"En absoluto. La CPI está aquí para quedarse y saldrá adelante", responde Pillay preguntada si teme que Washington consiga "paralizar" el tribunal.

Pillay visitó el lunes la CPI para mostrar a sus funcionarios su "solidaridad" y "transmitirles esperanza".

Sobre qué amenaza más el derecho internacional -los regímenes autoritarios que rechazan sus normas o las democracias que solo las respaldan cuando no afectan a sus intereses- sentencia: "Los dos son peligrosos, pero en una democracia resulta simplemente hipócrita".

"Le dices a tus hijos: 'Eso está mal, no hagas daño a otra persona'. Y, sin embargo, después lo aceptas y toleras", afirmó, apuntando a que algunos gobiernos actúan movidos por "intereses políticos o regionales" y otros por miedo a sanciones o aranceles.

Pero advierte: "No debemos ceder ante la intimidación y las amenazas".

Preguntada por el auge de la xenofobia y el discurso contra migrantes y minorías en Estados Unidos y Europa, alertó de que los grandes abusos rara vez comienzan de manera repentina.

"Las violaciones de derechos humanos son una alerta de lo que está por venir", respondió la jurista sudafricana, nacida en Durban en 1941.

Recordó cómo algunos testigos escuchados durante los juicios por el genocidio de Ruanda contaban que sus vecinos empezaron a atacar sus propiedades o matar y comerse su ganado antes de las matanzas.

Podía parecer un delito menor, dice, pero en realidad "era una señal muy importante de la ruptura del Estado de derecho”.

La ironía del destino hizo que Pillay recibiera la noticia de su Nobel en el Palacio de Justicia de Núremberg, donde fueron juzgados dirigentes nazis tras la Segunda Guerra Mundial, "un lugar muy apropiado" para recibir un galardón ligado a la defensa del derecho internacional.

"Hemos avanzado muchísimo y no podemos perder lo que ya se ha construido", alerta.

Imane Rachidi